Familia Pozzo Ardizzi

 Historias: La Pichona

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                                                                                                                

22-02-2009 - 00:00:00

Los carros de antes, humillados por el olvido, yacen como tristes osamentas.

 

Condenados a la destrucción por efecto de las lluvias, el viento y el sol; los nobles materiales con que fueron construidos podían resistir todas las inclemencias, pero el abandono finalmente los venció. Los carros del ayer, que transportaron tanta riqueza y esfuerzo productivo, hoy yacen como tristes osamentas en los alrededores de Carmen de Patagones.  

 
 En el libro "Vivencias y algo más", de Rolando Raúl "Tito" Martínez (aquel cronista de Patagones fallecido en el 2004) hay uno de sus breves capítulos titulado "De reliquia al abandono" que mantiene toda su actualidad, al describir el descuido por un magnífico carruaje que, durante muchos años, fue protagonista de viajes repletos de mercadería de distinto tipo.

 
Decía el autor, allá por el año 2003: "La Pichona, carreta perteneciente al señor César Pozzo Ardizzi y que alguna vez fuera transporte de nuestras producciones primarias, trigo, cebada, alfalfa, ha sido abandonada, como aquellos ancianos que construyeron su casa, una familia y lucharon a brazo partido para darle a sus hijos todo lo que de si pudieran, alimento, educación, techo; y ahora, viejos, quizá sufriendo los achaques que el paso del tiempo depara, están solos, más necesitados que nunca de aquellos afectos que sembró con trabajo y conducta".

El testimonio de Roberto Mosquera

  Los restos de La Pichona y de otro carruaje, de porte menor pero historia no menos importante, se encuentran en el predio que perteneció al club hípico y tradicionalista Fuerte del Carmen, a los fondos del boulevard Celedonio Miguel, en Carmen de Patagones.

  Para conocer detalles del origen de esos vehículos de tracción a sangre, y cómo llegaron a ese sitio, este cronista conversó con Roberto Mosquera, ex presidente de esa entidad, cultor de tradiciones camperas, conocedor de los temas relacionados con caballos.

  Observando las fotos que ilustran esta página (tomadas hace ya tres años) Mosquera realizó las siguientes descripciones.

  "El carro de los Sosa, era un carro de dos ruedas para ser tirado por dos bueyes. Allá por los años '80 por gestión de Hugo Suárez y un grupo de vecinos de Patagones, entre quienes estaba yo, fue pedido a la familia y rescatado del olvido en que se encontraba, tirado en un baldío en Villa Lynch. Quedaban sólo las dos ruedas, el eje y la lanza, nosotros le repusimos las barandas y lo pudimos hacer desfilar en algunas de aquellas fiestas de la Soberanía y la Tradición, tirados por una yunta de bueyes, propiedad de Galo Martínez, conducidos por un chileno que les había enseñado a tirar y trabajar.

  La familia Sosa estaba relacionada con las actividades del campo, cuidado de hacienda y amansado de caballos. Todos trabajaban en el matadero municipal, cuando funcionaba detrás de la escuela Spegazzini" La Pichona, un símbolo.

  Siguió  Roberto  Mosquera.  "Ese  enorme  carruaje,  bautizado  La Pichona, era  propiedad  de  la  firma   Pozzo Ardizzi, almacén de ramos generales, mayorista y minorista, acopiadora de granos y de frutos del país, con panadería propia. Estaba ubicada en Yrigoyen y Brown, ocupaba una media manzana que daba con otra casa comercial de la época, que era la de Malaspina.

  Pozzo Ardizzi tenía una tropa de carros y el último existente, la chata La Pichona, que había quedado en la zona del paraje Querencia, (a unos 40 kilómetros de Carmen de Patagones, yendo hacia Stroeder) fue entregada a la municipalidad más o menos por los años '70, por pedido de la directora del museo, Emma Nozzi.

  Entre el museo y la municipalidad se lo refaccionó, para ponerlo en exhibición en un terreno que era por entonces un baldío, sobre la calle Olivera en su intersección con Comodoro Rivadavia, en donde más tarde se construyó un edificio de oficinas públicas provinciales.

  Cuando llegó el momento de sacar el carro de ese terreno, porque arrancaba la obra, la propia Emma nos pidió al club Fuerte del Carmen que nos hiciéramos cargo de su cuidado, hasta que se pudiera concretar una plaza evocativa, con otros carruajes, en la zona del casco histórico. La intención era recuperar esos vehículos y exhibirlos puestos en valor, como se hizo con la locomotora La Maragata, instalada en el boulevar Juan de la Piedra, enfrente de la estación.

  Hubo una resolución municipal para el mantenimiento y restauración de La Pichona, e incluso creo que Emma Nozzi, con esa generosidad que la caracterizaba al donar sus sueldos de directora del museo a la asociación cooperadora, había previsto algunos fondos para esa tarea. Entre lo que se había hablado, lo recuerdo, estaba la construcción de un techo rústico que la cubriera, para proteger un poco sus viejas maderas.

  Lamentablemente a partir de 1997 yo perdí el control sobre el campo de jineteada y todo ese tipo de cosas; han transcurrido 12 años y por lo que veo ya no queda casi nada de esos carruajes.

  La Pichona era un carro para transporte de cargas generales, que se usó mucho con lanas y bolsas de trigo que se traían desde la campaña para el puerto de Patagones. Este carruaje tenía un sistema de extensión de su caja, estirándola sobre sus propios largueros, lo que permitía cargar hasta 120 bolsas de trigo. En los viajes desde el pueblo hacia los campos la chata llevaba la mercadería de abastecimiento, los vicios que se llamaban, como harina, yerba, azucar, fideos y otros; además de alambre, postes, alguna tranquera, latas de desinfectante para los baños de las ovejas; también a veces materiales de construcción para alguna ampliación de viviendas, en fin: todo lo necesario en la vida rural de entonces. En los viajes de vuelta se cargaban trigo y lana, en el intercambio de una zona con la otra; aunque en los últimos tiempos, según yo la he visto, se usaba solamente para traer leña. Era tirada hasta por 12 caballos, entre los que iban en las varas y los cadeneros, y además, de acuerdo con el terreno, los llamados cuarteros cuya función era acompañar, en las subidas para tirar y en las bajadas para frenar al vehículo, evitando que por la inercia misma alcanzara una velocidad peligrosa.

  Normalmente estas chatas eran manejadas sólo por dos hombres, el carrero y el acompañante; tenían un sistema de freno que se accionaba desde el pescante con un torno. Era una manija que se daba vuelta hacia atrás o hacia delante, con una varilla que terminaba en unas plantillas o zapatas que se afirmaban en la llanta de la rueda. En los caminos duros de la época, que aren solamente huellas, también hacían falta los cuarteadores, o sea los jinetes que se montaban a los caballos que tiraban la cuarta para sacar a la chata de un tramo pesado.

  Este tipo de carruajes se construía en pueblos del norte de la provincia de Buenos Aires, en las afueras de la Capital. Cuando quisimos restaurar a La Pichona nosotros no encontrábamos aquí en la zona quien pudiera hacerlo, y nos recomendaron gente de un taller en la zona de Hurlingham, que habían rescatado un carruaje de la zona de Río Colorado.

  Hoy en día la reconstrucción sería mucho más costosa, porque para recuperarla en su forma original sería necesario tener en cuenta que las maderas estaban trabajadas con molduras de encastre, sin usar bulones; y los tramos de hierro calzados a fuerza de maza y bigornia, sin soldaduras; con decoración de fileteado"

La herrería, oficio de antes

  También recordó Mosquera. "Para el mantenimiento de estos carruajes se recurría fundamentalmente a los herreros. Se necesitaba una pista especial en donde se calentaba la llanta al rojo, para calzarla a presión sobre el aro de la rueda. Yo recuerdo a Miguel Linares, que estaba sobre la calle Bernardino Rivadavia, casi Yrigoyen, gente que trabajaba muy bien y conocedora de su oficio.

  Pero sin dudas existirían otros herreros, porque Patagones tenía dos tropas de carros muy importantes: la de Guerrero, en la zona del actual barrio Villa Ceferino, que tiraba con mulas hacia la zona norte del río Negro, y esta de Pozzo Ardizzi, de la que estábamos hablando, que viajaba por la línea del partido.

  Para otros menesteres, cuando hacían falta carruajes más livianos, se construían esos vehículos acá en Carmen de Patagones. Estaba la carpintería y fábrica de carruajes ubicada en Bernardino Rivadavia y Suipacha, que por pedido armaba charretes (coche de paseo de dos ruedas, con cuatro asientos), villalongas (vehículos para pasajeros o carga, de cuatro ruedas) y las jardineras, carros lecheros y panaderos, y otros de un solo eje para el reparto de mercaderías. También hubo carros volcadores, para limpieza de patios, acarreo de materiales de construcción; y estaban los llamativos carruajes de pompas fúnebres, como los de Melluso, construidos por él mismo.

  Carmen de Patagones tuvo muchos carruajes, los de uso comercial y los de uso privado para paseo, como el sulky de Meco Barbieri, famoso caudillo radical, tirado por un caballo trotador, que llamaba la atención a su paso."

Una asignatura pendiente

  Carmen de Patagones, a través de las acciones conjuntas de su museo y de la municipalidad, por intermedio de la dirección de Patrimonio Histórico, ha realizado y sigue ejecutando acciones valiosas en la recuperación y puesta en valor de edificios, sitios e historias. Por caso el embellecimiento del templo parroquial Nuestra Señora del Carmen y la reciente restauración de la locomotora La Maragata. Una asignatura pendiente es, en este sentido, la recuperación de estos carruajes mencionados en la nota y otros que pueden ser localizados en pueblos del interior del partido.

  En un viaje por Santa Cruz este cronista pasó, cerca de El Calafate, por la estancia Cerro Buenos Aires, en donde con legítimo orgullo se exhiben varios carruajes en una imaginaria caravana. Un ejemplo para tener en cuenta.

Fuente: Noticias Net (información sobre Viedma y Patagones, Argentina) - Edición impresa: "Noticas de la Costa"
http://www.noticiasnet.com.ar/?se=26&id=40300

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28-03-2009 - 00:00:00

La voz de Emma Nozzi, el enigma de un viejo piano, la fiesta que vuelve a la plaza, temas que se fusiona

...(fragmento de la nota)

 

Un yerro imperdonable
 

Hace dos semanas se publicó aquí, en esta trinchera escrita para la defensa de nuestra historia menuda y local, una entrevista a Roberto Mosquera, sobre los viejos carruajes que están abandonados en el predio del campo de jineteada del ex club Fuerte del Carmen; uno de ellos el carretón "La Pichona" que durante muchos años se exhibió enfrente de la plaza 7 de Marzo. En ese texto se le adjudicó a Mosquera una dato incorrecto (por error en la transcripción): recordando el sulky del conocido vecino de Patagones Meco Barbieri se indicó que ese caballero "era caudillo radical" (!!!) cuando es bien sabido que, todo lo contrario, era hombre del partido Conservador, los boinas coloradas enemigos acérrimos de las boinas blancas de Alem e YIrigoyen. Se piden disculpas. Menos mal (como apuntó Nidia Añaños de Borasi) que ya no se viven tiempos de antinomias y entreveros, porque el yerro pudo haberle costado un mal momento al desvariado cronista. (Esta clase ofensas se cobraban con un ojal en la mejilla a punta de facón).

Fuente: Noticias Net (información sobre Viedma y Patagones, Argentina) - Edición impresa: "Noticas de la Costa"
http://www.noticiasnet.com.ar/?se=26&id=41243

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